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La vida en una botella

julio 6th, 2010 · 4 Comentarios

Un día lluvioso y nublado, de esos en los que la luz que viene del cielo es tan blanca que encandila al mirarlo, un joven miraba al mar cegado por el resplandor, tenía en mente la idea de marcharse, pues corría el riesgo de poder mojarse si volvía a llover. Como el chico estaba triste, no le importó en absoluto y se quedó sentado en un banco del puerto. Miraba al paseo y veía como la gente andaba apresurada con sus paraguas bajo el brazo, él, cabizbajo pensaba sólo en una cosa. De pronto, un viento frío hizo moverse las palmeras, el vaivén de las olas se agravó notablemente y su corta melena se alborotó un poco. No pareció importarle mucho que hiciese aquel tiempo, cuando se dio cuenta que la sed invadía su garganta sacó de su mochila una botella de refresco con gas a la que le quedaba aún un poco, y del mismo trago la vació.
Con aquella botella entre sus manos empezó a pensar mientras la examinaba una y otra vez con la vista. Tras hacer eso unas cuantas veces, sacó de su mochila una libreta, le arrancó una hoja y tomó un bolígrafo también.
Seguía pensando en la misma cosa, ¿pero que cosa era?
El chico esta vez puso la libreta sobre sus rodillas, apoyó en ella la hoja de papel y comenzó su escritura. Lo que debía escribir aquel chico parecía una carta, aunque su cara estaba tan seria, que no pude llegar de ninguna forma a hacerme una idea de lo que se trataba exactamente. Cuando hubo terminado, vi como doblaba cuidadosamente la hoja, y la introducía con manos temblorosas a través del cuello de la botella. Dejó la libreta sobre el banco y se puso de pié, caminó hasta uno de los maceteros del paseo marítimo y arrancó una flor lo suficientemente pequeña para que entrase por el tapón, de color violeta y con un aroma fresco, bastante especial. Puso el tapón bien prieto a la botella y la dejó caer sobre el agua. Se dio la vuelta, tomó sus cosas, y se fue alejando por el paseo del puerto.
Lo vi todo desde arriba, en el jardín que queda a lo alto, desde el cual se puede ver el paseo entero. Con ayuda de mis prismáticos estuve viendo la botella flotar quieta en el mismo sitio, durante varias horas.
No conocía al chico, recuerdo que tenía el pelo un poco rizado y no muy largo, llevaba unas gafas negras, ropa sencilla, y al parecer portaba una mochila, que debía ser la empleada en sus estudios.
Al día siguiente subí de nuevo, miré con mis prismáticos, y ahí, parecía no haber pasado el tiempo, esa botella permanecía en posición estática, mientras se balanceaba sobre las olas que pasaban por debajo de ella. Me acordé del chico, pero ni rostro de él.
Veía como los días pasaban, y siempre había una botella en el mismo sitio, por eso un día, no aguanté más la situación, y bajé al puerto para intentar cojerla. Tomé mi red y me acerqué discretamente a la orilla, fue muy fácil atraparla. Me senté en el banco donde aquel día vi al chico escribiendo y comencé a leerla.

La carta decía lo siguiente:

Esta es una botella más, de las más de 120 que he lanzado ya por ti al mar estos últimos meses, vuelvo a contarte lo mismo de siempre, aunque nunca llegarás a recibir nada, estuve mandándote flores en cada una de las botellas hasta que se acabaron todas, por eso en esta he decidido meter un beso, que está dentro, pero no lo puedes ver, porque es invisible.
Me enamoraste aquella tarde que estuvimos juntos hablando un rato antes de que partieses en aquel barco, no tengo nada que me ayude a volver a encontrarte, pues sólo supe tu nombre y de donde venías, pero mi esperanza es tan grande, que toda posibilidad de que esta botella cruce el mediterráneo y llegue hasta tus manos me parece posible. Ya sé que no podías quedarte conmigo, porque tu lugar estaba lejos de mí, pero no consigo encontrar consuelo. Aquí me tienes, cada tarde vengo a intentar decirte lo que siento aunque nunca lleguen a ti mis palabras, mi libreta ya no tiene hojas, y tuve que comprar una nueva para poder seguir intentando esto que estoy haciendo, aunque ya no creo que lo consiga. Nunca supiste que era un chico romántico, fácilmente enloquecible, que ama la literatura. Mi vida es un reto, como el reto de encontrarte, como el reto de sobrevivir al día a día. Siempre estuve solo, porque no quise estar con la gente que no me entiende, y creí que tú me entendías, por culpa de esto mi cabeza se llenó de ti, y quedé incapaz de hacer muchas cosas, como sonreir de verdad, dormir, en definitiva, vivir. Sé qué me querías, aunque para ti no fuese difícil olvidarme.

Aunque leas mi carta, no sé si vas a querer decírmelo, a lo mejor no quieres verme en tu vida de ninguna forma, prefieres que sea como si no nos hubiésemos visto jamás, aunque estuvimos una hora hablando. Hablando sentados en el mismísimo banco, desde el que hoy te escribo mi epístolas, era verano, pero hoy hace frío, y el viento me hiela la cara, incluso me duelen las manos al cojer el bolígrafo.
Haz lo mismo que yo, porque vendré todos los días a ver si llegó a la orilla alguna botella, con una carta escrita por ti, y vuelvo de esa forma a la vida, porque de otra no creo que pueda lograrlo.

Un beso y un abrazo más, de tantos que pude ya al mar lanzar.

Comprendí entonces que es lo que pasaba, porque siempre había una botella frente a aquel banco, y descubrí así que no era la misma botella, si no una de tantas que aquel chico lanzó. Me acordé de que tú estuviste allí y sé que conociste a un chico, por eso pensé que podría ser él y estar buscándote.
Si quieres puedes escribirle algo, que yo dejaré una botella con un mensaje donde él pueda cojerla con todo aquello que quieras decirle.

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Etiquetas: Literatura

4 respuestas hasta ahora ↓

  • 1 Haridian // Jul 13, 2010 a las 19:36 pm
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    Yo le diría que ella sólo es una fugitiva de la vida y que hasta los fugitivos se acaban cansando de huir. Volverá.

    Qué gran relato Jose Luis, me ha encantado. Gracias 🙂

  • 2 Ana // Jul 15, 2010 a las 22:54 pm
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    Me ha encantado, sobre todo la carta.

  • 3 Marcamar // May 5, 2011 a las 2:00 am
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    Me ha encantado leerte, José Luis, y espero y deseo que no seas el último romántico en nuestra Literatura, porque se necesita leer de vez en cuando relatos como este que nos hagan soñar.
    Un beso.
    P.D. Pensaba enviarte un mensajito en una botella,
    pero….cachisss en la mar… los vientos dominantes en esta parte del Atlántico, soplan del Norte. jejeje

  • 4 Amber Lake // Jun 25, 2015 a las 19:56 pm
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    Me ha encantado este relato, tan tierno y emotivo.

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